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 RECUPERACIÓN DEL RÍO GUADALOPILLO

En el presente Proyecto se elabora un plan para la recuperación de las comunidades de soto asociadas al río Guadalopillo. Entre los objetivos que se persiguen destacan los siguientes:

JUSTIFICACIÓN Y MARCO DEL PROYECTO

El río Guadalopillo discurre en su totalidad por la comarca de¡ Maestrazgo turolense. Nace en las proximidades de Ejulve, hasta desembocar en el río Guadalope en su margen izquierda. En su recorrido atraviesa los municipios de Ejulve, Molinos, Berge, Alcorisa, Foz Calanda y Calanda. Su caudal es muy escaso en todo el recorrido, desapareciendo a intervalos el agua superficial. Ello no ha impedido que se represen sus aguas en el embalse de Gallipuén, entre Molinos y Berge.

El Guadalopillo no supone una excepción a la problemática ambiental asociada a nuestros ríos: es lugar de vertido de escombros y de aguas residuales de poblaciones y de granjas, en muchas ocasiones sin ninguna depuración, su escaso caudal es desviado para riego en numerosos puntos, dejando sin agua superficial largos tramos; la llanura aluvial, tierra fértil por excelencia, viene siendo roturada desde hace siglos para el cultivo, desplazando a la vegetación riparia autóctona que con frecuencia queda confinada a una estrecha banda de pocos metros. A ello se le une el reciente abandono de algunos usos tradicionales de la ribera, que habían imprimido un carácter particular al paisaje rural, tal como el abancalamiento de las laderas y la poda de chopos. Con todo ello, tanto el valor ecológico como cultural de¡ sistema ripario ha quedado notablemente mermado. Aún con todo, existen tramos que por su inaccesibilidad aún mantienen lugares relativamente bien conservados que nos recuerdan lo que podría ser esta ribera.

DESCRIPCIÓN DEL MEDIO FÍSICO

El río Guadalopillo nace en las cercanías de Ejulve, a una altitud de 1.143 m, por la confluencia de¡ Arroyo Majalinos, el Barranco de las Cercas y la Va¡ de Gimeno. Sin embargo carece de agua superficial hasta el colector de¡ pueblo, que vierte sus aguas sin depurar al cauce. Por ello, este primer tramo se caracteriza por la elevada contaminación de las aguas y su mal olor. Desde ahí transcurre en dirección noreste atravesando varios municipios hasta desembocar en el río Guadalope.

El relieve corresponde a una zona de media montaña. Las laderas de¡ valle tienen pendientes relativamente suaves en buena parte de la cuenca, aunque existen varios tramos en que el río se encaja y discurre entre paredes casi verticales formadas por conglomerados y calizas.

El río Guadalopillo, en la mayor parte de su recorrido, muestra un trazado lineal, confinado por los cultivos circundantes a una estrecha banda de 1 o 2 m de ancho, excavado sobre un metro por debajo del nivel del terreno circundante. La parte alta del río carece de agua en superficie buena parte del año. En el resto del río el caudal es mínimo, teniendo que soportar la ribera un importante período de escasez de agua superficial al menos durante el verano. La velocidad de flujo es muy escasa, incluso hay tramos donde no se aprecian movimientos de¡ agua en la superficie. El sustrato por el que discurre el río es calizo en todo su recorrido. En el lecho predominan depósitos de arcilla y limo, que denotan la escasa energía de la corriente, aunque en las zonas superiores se aprecian algunos tramos con mayor pedregosidad. En general, se puede decir que las características físico-químicas del sustrato son bastante regulares a lo largo del río, desde las partes altas a las bajas.

El clima de la región es de tipo mediterráneo continental. Ello implica la presencia de un periodo de aridez estival, en el que coinciden elevadas temperaturas con escasas precipitaciones, y una marcada oscilación térmica entre el invierno y el verano. Esta característica hace que la vegetación de la zona tenga que enfrentarse a dos periodos desfavorables: el invierno por las bajas temperaturas y el verano por la aridez.

La vegetación capacitada para ocupar este territorio está dominada por especies muy austeras, normalmente de hojas coriáceas y perennes, madera dura y crecimiento lento. Entre ellas destacan la carrasca (Quercus ilex subsp. ballota), la coscoja (Quercus coccífera), las sabinas (Juniperus thurifera y J. phoenicia) en los suelos más degradados y las posiciones más expuestas, el pino carrasco (Pínus halepensis), que ha sido utilizado para repoblar algunas zonas y el quejigo (Quercus fagínea) que por ser más exigente en agua ocupa los lugares más favorables de las umbrías o los suelos más desarrollados.

En las proximidades del río las condiciones son muy diferentes para las plantas, especialmente durante el verano, momento en que la disponibilidad de agua en el freático frena los efectos que la sequía estival produce sobre la vegetación. Por ello, aquí encontramos especies de fisonomía diferente, con hojas más blandas y de hábito caduco, crecimiento más rápido y madera más blanda. Es el caso de los chopos (Populus x euramericana)* , álamos (Populus alba), olmos (ulmus minor), fresnos (Fraxinus angustifólia), sauces (Salix atrocinerea, S. purpurea, S. fragílis, S. alba, S. elaeagnos) y un largo etcétera de arbustos y lianas.

El chopo que aparece en esta zona originariamente era P. nigra, pero en la actualidad muestra un diverso grado de contaminación genética con chopos productivos. Aquí lo denominamos genéricamente P. xeuroamericana.

El aspecto de la vegetación, tanto de la llanura aluvial como de las laderas, denota un uso intenso del territorio. En el caso de las laderas, el carrascal ha sido degradado hasta etapas muy iniciales de la sucesión, constituidas por arbustos como la sabina negra (Juniperus phoenicía), enebro (Juniperus communis) y coscoja (Q. coccifera), así como otros arbustillos y caméfitos, especialmente romeros (Rosmatínus officinalis), aliagas (Genista scorpius), tomillos (Thymus vulgaris), Sideritis sp., Lavandula latifolia, Thymelaea tinctioria, etc. Estas comunidades muestran un escaso grado de cobertura del suelo y denotan una acción intensa y recurrente de pastoreo e incendios. En las partes bajas de las laderas la vegetación ha sido sustituida en muchos casos por cultivos de secano (olivos, almendros, cereal), uso para el cual las pendientes fueron abancaladas en el pasado, dando lugar a un paisaje muy característico.

La vegetación riparia, por estar constituida por especies de crecimiento más rápido, tiene mayor capacidad de recuperarse frente a las perturbaciones y acciones humanas, dando lugar a un corredor de porte arbóreo en medio de amplios territorios deforestados. A pesar de la escasa entidad del río y de su bajo caudal, en condiciones naturales la banda de vegetación rupícola debería ser mucho más ancha que la que encontramos en la actualidad. Así, se ha observado que, con la excepción de los tramos más inaccesibles, esta vegetación ha sido confinada a una estrecha banda o ha desaparecido, debido a la implantación de los cultivos hasta el mismo borde del cauce. Por otra parte, la nivelación de los campos ha generado un escalón entre el nivel del campo y el lecho del río, que en muchos casos ronda el metro de altura. Ello dificulta que medren especies riparias ligadas a perturbaciones y ciclos de inundación y estiaje, como son la mayoría de los sauces. En definitiva, de la zonación transversal que cabría esperar en un bosque ripario, la banda externa (olmeda-alameda) ha sido sustituida por los cultivos y la banda interna (sauceda) eliminada en muchos tramos por la ausencia de una banda de inundación. De este modo, la única banda bien representada a lo largo del río es la intermedia, dominada por el chopo acompañado de arbustos como el cornejo (Comus sanguinea), majuelo (Crataegus monogyna), algún avellano (Corylus avellana), aligustre (Lígustrum vulgare), lianas como la clemátide (Clematís vitalba), hiedra (Hedera hefix), zarza (Rubus ulmifolius) y rosal (Rosa sp.). También cabe destacar la presencia de numerosas especies de árboles frutales que han escapado de los cultivos y se han naturalizado en el bosque de ribera. Así, hemos encontrado membrilleros (Cydonia oblonga), manzanos (Malus comunis), perales (Pyrus malus), higueras (Ficus caryca), nogales (Juglans regia), ciruelos, cerezos (Prunus dulcis), azarollos (Sorbus domesfica), etc. La presencia de estas especies es importante desde un punto de vista ecológico, ya que proporcionan alimento a la fauna frugívora, incrementando la capacidad de acogida de¡ bosque de ribera. Por último, el estrato herbáceo del soto está dominado por gramíneas, muchas de ellas asociadas y favorecidas por el pastoreo, entre las que destaca por su abundancia Brachypodium sp. Otros taxones bien representados son Scírpus sp., Juncus sp., Arundo donax (caña), Phragmines australis (carrizo) que crecen asociados a niveles freáticos elevados. También está bien representada en el sotobosque de ribera la flora ruderal, con diversas especies de cardos (Eryngium sp., Dipsacus sp. etc.) ortigas (Urtica dioica), etc. En algunos lugares con escasa corriente o sin agua, el cauce es colonizado por especies como Brachypodium sylvatícum, Epilobium sp, Ranunculus sp.

Existen tramos donde el uso agrícola de la llanura aluvial ha cesado, bien por dificultades de acceso o por lejanía a la población. En esos casos se observa una recuperación de la ribera, cuyas especies colonizan los espacios circundantes. En los tramos medio y bajo de¡ río se observa una fuerte regeneración de álamos (Populus alba) y olmos (Ulmus minol), especies poco abundantes por las razones previamente mencionadas, por el devastador efecto de la grafiosis sobre la segunda y por las bajas temperaturas de las zonas altas en el caso de la primera especie. Pero las plantas que con frecuencia se convierten en dueñas de estos nuevos territorios son las zarzas, cuya capacidad de invasión supera con creces la de¡ resto de las especies, dando lugar a masas de vegetación monoespecíficas, que dificultan enormemente la diversificación y entrada de otras especies.

METODOLOGÍA EMPLEADA

        RECOPILACIÓN DE INFORMACIÓN

Las propuestas que se formulan en este informe se basan en dos tipos de información: datos de campo directamente recogidos en la zona y fuentes bibliográficas de diversa índole.

        TRABAJO DE CAMPO

Para realizar este proyecto se recorrió el río Guadalopillo desde su nacimiento en Ejulve hasta el final del término municipal de Foz Calanda. A intervalos se realizaron inventarios en que se recogía una información sistematizada sobre aspectos diversos que luego fueron utilizados como criterios de zonación y de propuesta de revegetación. La información recogida correspondía a:

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

Las fuentes consultadas se agrupan en dos grandes categorías:

ELABORACIÓN DE INFORMACIÓN. 

Una vez recopilada la información, ésta ha sido elaborada a tres niveles distintos:

- Descripción general del territorio estudiado
- Zonación del río en tramos homogéneos y descripción detallada de cada uno de ellos.
- Elaboración de criterios de revegetación.

PROPUESTAS DE ACTUACIÓN

Estas propuestas se localizan en puntos concretos, seleccionados en función de los criterios elaborados en el punto anterior. Cada actuación ha sido baremada con un índice de prioridad y posteriormente descrita con detalle.

DIFERENCIACIÓN DE TRAMOS

El río ha sido dividido longitudinalmente en varios tramos relativamente homogéneos, que servirán de base para la elaboración de propuestas de vegetación. Los criterios utilizados para realizar esta zonación son los siguientes:

- Geomorfológico: grado de encajamiento del río, amplitud del valle, pendiente de las laderas.
- Grado de alteración: usos del suelo, distancia a poblaciones.
- Estado de conservación de la vegetación de ribera.
- Presencia y ausencia de ciertas especies.